Mosaico ancestral de especies autóctonas en México

Mosaico ancestral de especies autóctonas en México

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Mosaico ancestral de especies autóctonas en México

Tlaxcala. A 22 de mayo de 2025. Redacción

En los paisajes montañosos y semiáridos del estado de Tlaxcala, en México, durante más de tres milenios, las familias agricultoras han mantenido el sistema Metepantle, un mosaico en terrazas de maíz, agave, frijol, calabaza y plantas silvestres.

Arraigado en el conocimiento de los pueblos indígenas nahuas, este sistema apoya la biodiversidad y afianza los sistemas alimentarios y los medios de vida locales, ofreciendo resiliencia y continuidad cultural en una de las regiones más vulnerables al clima de México.

Este mantiene más de 140 especies autóctonas, incluidas 40 variedades locales de maíz y 30 tipos de plantas comestibles, y practica la conservación comunitaria a través de tradiciones familiares y redes de intercambio.

El sistema Metepantle ofrece un ejemplo contundente de resiliencia agrícola a largo plazo en entornos montañosos frágiles. Practicado durante más de tres milenios, preserva la biodiversidad y las funciones ecosistémicas mediante el conocimiento tradicional, la gestión comunitaria y el diseño agroecológico.

Contribuye a los objetivos globales de sistemas alimentarios sostenibles, la restauración de tierras y la adaptación climática, demostrando cómo los sistemas alimentarios de los pueblos indígenas pueden regenerar el suelo, conservar el agua y mantener la producción de alimentos frente a las presiones ambientales modernas. Su riqueza genética, su patrimonio cultural y la gestión del paisaje lo convierten en un ejemplo vivo de sostenibilidad arraigada en la historia.

Este sistema proporciona alimentos diversos y nutritivos durante todo el año. Cultivos como maíz, frijol, calabaza, quelites (verduras silvestres comestibles) y amaranto satisfacen las necesidades del hogar, mientras que el agave aporta valor mediante la producción de pulque, aguamiel y jarabe. Los agricultores también utilizan las flores y hojas de agave en la cocina tradicional y cosechan frutas, forrajes y plantas medicinales de las zonas aledañas. En conjunto, estas prácticas reducen la dependencia de insumos y mercados externos.

Los ingresos provenientes de las ventas locales, el procesamiento de alimentos y las bebidas artesanales aumentan la resiliencia financiera. Al promover el acceso a los alimentos, la diversidad de cultivos y los mercados comunitarios, el sistema fortalece la nutrición y los medios de vida.

Los campos de Metepantle albergan más de 140 especies cultivadas y silvestres. Los agricultores mantienen docenas de variedades criollas de maíz, frijol, hortalizas nativas y múltiples variedades de agave, cada una adaptada a diferentes microclimas y suelos. El intercalado de cultivos crea relaciones beneficiosas entre las plantas y un control natural de plagas, mientras que las terrazas y las áreas de barbecho promueven la diversidad del hábitat.

El agave desempeña un papel ecológico fundamental: estabiliza laderas, retiene agua y alimenta a los polinizadores. Las plantas silvestres comestibles y medicinales se integran en los sistemas de producción. Esta biodiversidad dinámica contribuye a la seguridad alimentaria, la estabilidad ecológica y la preservación de recursos genéticos vitales para la adaptación a las condiciones climáticas futuras.

El sistema de Metepantle se basa en siglos de observación y adaptación. Los agricultores utilizan calendarios tradicionales, ciclos lunares y señales ambientales para planificar la siembra, la cosecha y la poda. El conocimiento sobre el manejo del agave, la clasificación del suelo, el movimiento del agua y la selección de semillas se transmite de generación en generación y se integra en la vida cotidiana, dando lugar a un sistema intrincadamente interconectado donde las funcionalidades se armonizan y las decisiones se guían por la tradición y la conciencia ecológica, contribuyendo así a un sistema alimentario resiliente y sostenible.

Herramientas como la jima y prácticas como el capado reflejan precisión y respeto. Las ferias comunitarias de semillas, el rol de las mujeres en el cuidado de las semillas y los espacios locales de aprendizaje garantizan que el conocimiento se comparta y se renueve. Estas prácticas conforman un sistema agroecológico completo basado en la memoria cultural y el aprendizaje continuo.

En el corazón de la agricultura de Metepantle reside una cosmovisión que considera la tierra y las plantas como parientes vivos. El maíz y el agave se honran en ceremonias, canciones y rituales estacionales que conectan la agricultura con la vida espiritual. Valores tradicionales como la reciprocidad, la ayuda mutua y la gobernanza compartida apoyan la toma de decisiones comunitaria y garantizan el cuidado colectivo de los recursos.

El intercambio de semillas, la siembra comunitaria y la narración de historias forman parte del tejido social del sistema. Estos valores culturales sustentan no sólo el paisaje, sino también las comunidades que lo administran, vinculando alimentos, tierra e identidad a través de generaciones.

El sistema Metepantle transforma terrenos escarpados en paisajes productivos y resilientes. Las terrazas de piedra seca previenen la erosión y frenan la escorrentía. Los setos de agave funcionan como barreras vivas, estabilizando el suelo y captando la humedad. El agua se almacena en cuencas tradicionales como los jagüeyes y se canaliza a través de canales de infiltración.

Los cultivos se disponen vertical y espacialmente para optimizar la luz solar, el agua y los nutrientes. Estos elementos crean un mosaico de bosque, campo y corredor silvestre, cada uno con un papel importante en el mantenimiento del suelo. El resultado no es solo un sistema agrícola, sino un paisaje modelado que equilibra la productividad agrícola con la sostenibilidad ambiental.

Información de la ONU

Fotos: GIAHS Mexico Metepantle